Plan lector

Cuando un Colegio elabora su Plan de lectura, intenta dar respuesta al reto de lograr que su alumnado sea un lector activo y eficaz de los textos habituales en su etapa, tanto para el aprendizaje, como para el disfrute personal y la interacción social.

Un Plan de lectura es un marco organizativo en el que debe consolidarse y potenciarse lo que el centro ya hace bien, todas las buenas prácticas docentes y todas sus respuestas organizativas al respecto. Pero en él también se ensayan nuevas formas de actuar para dar respuesta a carencias lectoras del alumnado y a nuevas posibilidades y necesidades de lectura en la sociedad de la información y del conocimiento, siempre partiendo de su propia realidad y contexto.

Para hacerlo posible, es de gran interés que los centros utilicen dicho Plan como cauce para:

  • Hacer explícito el concepto de lectura del que parten, así como su concepto de desarrollo lector y de autonomía lectora.
  • Coordinar todas las acciones concretas destinadas a mejorar la destreza lectora, en todas sus facetas, potenciando la diversidad de prácticas de lectura en contextos de actividades diferentes.
  • Evaluar la capacidad lectora de su alumnado, antes y después del Plan.
  • Evaluar la coordinación de las acciones desarrolladas.

Si leer es una actividad compleja, enseñar a leer también lo es, por lo que un Plan de lectura del Centro debe integrar estrategias y actividades que atiendan las diversas finalidades del acto lector. Así, cuando describimos el acto lector, podemos dar prioridad a una visión funcional, educativa o lúdica del mismo; es decir, nuestro Plan puede pretender con diferente intensidad que el alumnado sepa leer para aprender; para alcanzar objetivos personales y para disfrutar de la lectura.

Por todo ello, debemos entender que el Plan de lectura del Centro sea una apuesta por hacer de la lectura y la escritura el principal medio de aprendizaje. Además, dicho Plan lector debe tener en cuenta que siempre “leemos para”:

  1. “Leemos para”: APRENDER. Leer es un proceso cognitivo de interacción entre el texto (su contenido y características formales), el lector (sus conocimientos previos) y la situación de lectura (la finalidad). A leer no se aprende leyendo, sino siendo progresivamente conscientes de esos tres ejes de la lectura. En el medio educativo la finalidad más repetida es leer para comprender y dar cuenta de lo leído, y el sujeto lector son nuestros alumnos, con toda su diversidad. Comprender es una capacidad cognitiva, no lingüística, por lo que el reto es coordinar una estrategia interdisciplinar de mejora de la comprensión lectora precisa en cada etapa educativa. La comprensión lectora es una responsabilidad interdisciplinar, todo el profesorado debe estar implicado.
  2. “Leemos para”: DISFRUTAR. Progresivamente, parte de nuestros alumnos experimenta que leer pasa de ser una dificultad a ser un placer. Es gratificante encontrar en los textos aquello que pretendemos buscar, sea cual sea nuestra intención y sean cuales sean las características del texto leído. No es necesario que un texto sea literario para ser disfrutado; podemos disfrutar leyendo la prensa, textos divulgativos,… Además, progresivamente, un lector disfruta de la complicidad con el texto e incluso del placer estético por cómo está escrito. El disfrute de los textos literarios proviene de la relación con sus características: la capacidad de comunicarnos mundos diferentes a los vividos, sentimientos aún no percibidos, la proyección de nuestro yo sobre los personajes con los que convivimos,… Educar para leer literariamente, por tanto, favorece el disfrute y el enriquecimiento personal. Un Plan de lectura integra y coordina todas las acciones de animación a la lectura que el centro vaya a desarrollar, con la finalidad explícita de que el hábito lector forme parte del tiempo de ocio libremente organizado por el alumnado. Especialmente importante será destacar en él todo lo relativo a la dinamización de la biblioteca, entendida no como almacén organizado de libros sino como fuente de sorpresas, retos, estímulos,…
  3. “Leemos para”: REFLEXIONAR. El nuevo propósito lector es el razonamiento crítico, la identificación de los propios sentimientos, la identificación de los valores del texto. Leer es entonces, sobre todo, una capacidad para conocerse a sí mismo, no sólo para comprender el texto inicial.
  4. “Leemos en LA SOCIEDAD de la información.” Las TIC han llegado para quedarse. Forman parte de nuestra cotidianeidad personal y también de nuestra práctica educativa. En la sociedad digital han aparecido nuevos formatos de texto, nuevos propósitos para la lectura y nuevas maneras de interactuar con la información. Internet, por su parte, ofrece tres diferencias fundamentales con un texto convencional: el hipertexto, los recursos multimedia y la interactividad. Todo un mundo nuevo; las TIC son una oportunidad pero también un reto y, en ocasiones, un problema. Para todo ello la escuela debe ir construyendo progresivamente una respuesta adecuada.
  5. “Leemos para”: EXPRESARNOS MEJOR: En la vida cotidiana leer y escribir son procesos frecuentemente conectados: leemos para escribir, escribimos para responder sobre lo leído, escuchado o para dar respuesta a otros escritos, leemos para revisar lo que estamos escribiendo,… Además, leer forma parte del proceso de planificación de un texto escrito, pues nos aporta contenidos con los que podremos construir nuestro texto. Existe una mutua influencia entre la eficacia lectora y la calidad de expresión oral y escrita (1). Para expresar algo, debemos tener algo que comunicar y debemos saber cómo hacerlo. Leer habitualmente supone estar familiarizados con formas de comunicar que nos pueden ser útiles cuando seamos ahora quienes tenemos algo que decir. De hecho, un Plan de lectura puede también dar cabida a actividades y acuerdos metodológicos transversales, para favorecer que lo leído esté al servicio de nuevas necesidades de comunicación. Leer para comunicarnos sobre lo leído, con diferentes intenciones, de acuerdo con las exigencias específicas de la expresión oral o escrita, muestra el horizonte final de la capacitación lectora que todo Plan de Lectura debe perseguir.

El Plan de Lectura debe ser…

  • Debe concebirse para todas las edades y etapas educativas, y dentro de estas, para todas las áreas, materias, ámbitos y módulos, y no exclusivamente para áreas y materias lingüísticas.
  • Ha de ser realista, operativo, viable, progresivo.
  • Ha de ser contextualizado, es decir, partir de la realidad del centro.
  • Ha de ser flexible y consensuado con la comunidad educativa.
  • Su eje vertebrador es la biblioteca escolar y se aprovecha de otros recursos culturales del entorno: bibliotecas públicas, centros culturales, fundaciones, museos…
  • Debe ser obra de la comisión coordinadora de El Plan de Lectura y no de una sola persona.
  • Debe incluir las buenas prácticas que el centro ha desarrollado.
  • Debe incorporar mecanismos de seguimiento y evaluación de resultados que permitan su revisión y mejora, con el fin de garantizar un mayor grado de cumplimiento de los objetivos inicialmente formulados.